dilluns, 8 de desembre de 2008

Un niño "inocente" y un pintor mas-turbado



Hola niñitos os voy a narrar un cuento de terror para que vayáis a dormir ésta noche bien calentitos. Pero no olvidéis tomar la leche con Neskuiks o Colas-Kaos bien calentita que os prepara la mama con tanto cariño, desde hace ya 57 años. Ésta es la historia...




Había una vez un pintor de brocha gorda que soñaba con ser un artista de brocha fina. Su nombre era Yonky Rugeell y practicaba mucho para poder exponer algún dia en el Louvre de París. Alternaba las dos brochas, con una se ganaba el sustento y con la otra se intentaba abrir camino en el difícil mundo del arte, pues todos sabemos que el verdadero artista debe pasar hambre para que sus cuadros sean reconocidos despues de muerto. Hijos de Putin. Yonky Rugeell tenia muchos conocimientos sobre la naturaleza y sabía cómo evitar grandes incendios en el bosque, pues dominaba el arte del viento como cualquier pagès veterano. Pero las autoridades no quisieron escucharle y huyó a la ciudad en busca de un futuro prometedor. Allí conoció a su gran mentor Rubens, Rubens Barrichello. Pero una disputa para que cambiara de estilo les separó para siempre. Yonky Rugeell no supo nada más de su ex-mentor aunque las malas lenguas dicen que se hizo piloto de Formula-1 llegando a sub-campeón mundial con la casa Ferrari. Pero son rumores. Con mucho trabajo consiguió hacer pequeñas exposiciones hasta que un dia llegó su oportunidad. Un gran mecenas ex-piloto de Formula-1 de fama mundial le consiguió una exposición temática sobre tarántulas carnívoras en el Museé des Horrors de Lyon. Era su primera gran victoria y pronto dejaría de pintar paredes blancas a pijos del barrio de la Mamanova. Estaba inquieto, quería que todo saliera perfecto, sobretodo el dia de la inauguración. Y el dia llegó y por fin conoció a su bendito mecenas caído del cielo. Se llamaba Michel Schumacher y vino con su simpático niñito de 7 años. Se saludaron y conversaron durante un buen rato amigablemente mientras el museo estaba a reventar. Significaba su éxito, su catapulta hacia la historia universal del arte y su nombre figuraría al lado de Rembrandt su gran ídolo, holandés como Johan Cruyff. Pero entonces ocurrió algo inesperado que cambió su destino para siempre. Mientras el Sr. Schumacher departía con otros famosos y adinerados visitantes, el simpático niñito de los cojones empezó a rascar con un punzón que había escondido en el bolsillo todo el tiempo, uno de sus bellos cuadros de tarántulas. El artista cegado por la turbadora ira, provocada por el hecho de no haber podido ser padre, cogió un pinzel de brocha fina y se lo clavó en el ojo de la "inocente" criatura. El niñito sangraba abundantemente. Enseguida se dió cuenta de su grave error y socorrió al pequeño pero éste murió desangrado en sus brazos. Y gritó: "¡¡¡Nooooooohhh!!!". Fue una terrible escena que hubiera quedado muy bien si la hubiera pintado.

Muchos años después, Yonky Rugeell, el pintor más-turbado de la historia había muerto en una clínica psiquiátrica víctima de una larga enfermedad por una extraña picadura de tarántula. Qué cosas tiene la vida. Tenía 114 años y sus últimas palabras fueron: "Grrraaafffsshhh, maldito niño inocente..."


1 comentari:

Anònim ha dit...

¿Pintó angelitos negros?